Clío

Temas de historia regional y local

lunes, 31 de marzo de 2008

Cambio cultural y expresiones antisemitas en Coro: año 1900


Ponencia presentada en:
IV Coloquio de Historia Regional y Local Falconiana
UNEFM-Centro de Investigaciones Históricas del Estado Falcón-Ministerio de Educación
Coro, estado Falcón, Venezuela
16-19 de noviembre de 1999


Introducción

Este trabajo de investigación está comprometido tanto con el importante hallazgo de nuevas fuentes primarias sobre el antisemitismo en Coro, como con la memoria oral. Mi más profundo agradecimiento a los informantes, cuyos recuerdos y vivencias –directos e indirectos- han permitido rescatar e hilvanar elementos relativamente recientes –algunos incluso actuales- sobre la aceptación de este grupo por la sociedad coriana y una visión histórica de cómo la comunidad judeo coriana percibió al medio social coriano; además de constatarse el doloroso proceso de pérdida de patrones culturales originales y asimilación a la sociedad venezolana, y el rechazo que soterradamente alimentaron ciertos sectores de la sociedad coriana; elemento que fue manipulado, una vez más, durante el año 1900, generando lo que vendría a ser, hasta el presente, el último brote detectado de intolerancia étnica y religiosa que se dio contra este grupo de inmigrantes.
La base metodológica de este trabajo, que combina y contrasta fuentes primarias, revisión hemerográfica y fuentes orales, ha permitido visualizar a la comunidad judeo coriana en un momento de su devenir y perfila su desintegración como grupo endógeno; todo ello desde una perspectiva interdisciplinaria, que conjuga la historia con la antropología.


El proceso de cambio cultural [1]

A finales del pasado siglo eran ostensibles signos indicativos de un proceso de cambio cultural en el grupo sefardita que llegara a Coro en la tercera década de la misma centuria. Aquel contacto continuo de dos grupos distintos: venezolanos católicos y holandeses sefarditas, había dado lugar a la profundización de una serie de cambios que ya el grupo traía desde su estancia insular.
Como parte del cambio cultural se advertía la presencia de matrimonios mixtos y uniones consensuales entre varones sefarditas y corianas gentiles, pérdida de elementos de la liturgia religiosa, pérdida del idioma religioso y del calendario judío, asimilación de símbolos de la religiosidad católica –como son los ángeles que adornan tumbas en el cementerio judío de Coro-, consumo de carne de cerdo, participación en eventos relacionados con el mantenimiento del culto católico o cuando menos ajenos a la cultura sefardita, como reparación de templos, carnavales, voluntariado católico, entre otros. En pocas palabras, el grupo avanzó cada vez con mayor celeridad hacia una nueva identidad cultural, lo que implicó relaciones profundas y estables con el medio coriano y venezolano en general, que vinieron a ser a su vez una muralla protectora contra el antisemitismo del que se hablará más adelante.
Ya en Curazao, el grupo había dado pasos que le alejaban de los usos y costumbres sefarditas ortodoxos en materia religiosa, idioma y diversas costumbres. El judeo español y el hebreo se habían perdido. A esto se unió el cisma religioso de 1864, que dividió a la comunidad judía curazoleña entre ortodoxos portugueses y reformistas de rito estadounidense.
El judaísmo reformado surgió en los Estados Unidos durante segunda década del s. XIX. Su orientación era liberal y postulaba que el hombre podía conocer mejor a Dios a través de la razón y no del dogma y sus ceremonias. En un intento por facilitar la adaptación de los judíos migrantes a los distintos entornos que les recibían introdujo cambios radicales en la liturgia y todavía más, generó cambios de fondo, al rechazar las leyes de la Torah, el retorno a Sión y asumir como base religiosa un monoteismo ético [2].
Es factible que esta propuesta religiosa haya calado en el ánimo de los sefarditas curazoleños, enlazados por parentesto e intensas relaciones comerciales con sus similares radicados en New York, a través de quienes debe haber llegado la influencia del judaísmo reformado; propuesta que, al final, facilitaba las cosas a una comunidad aislada y con fuertes particularidades en su liturgia, usos y costumbres.
Pequeña y aislada, todo indica que la comunidad judeo coriana vivenció lo que Paul Johnson denomina la “confusión cultural” propia del judaísmo del s. XIX, y que se revelaba en la carencia de un programa y un liderazgo unido [3]. En el caso coriano el judaísmo reformado traído de Curazao, que se suponía vendría a ser un elemento de fortaleza para el grupo, permitiéndole manejar las particularidades derivadas de su aislamiento, funcionó como un elemento más que, sumado a otros, minó la cohesión, identidad y reproducción de patrones culturales propios del grupo sefardita. Los actuales descendientes no practicaron la liturgia hebrea, su fe religiosa quedó reducida a la práctica de valores universales y las tradicionales leyes morales judaicas: “Aquí la única religión era la moral”[4]. Los sefarditas corianos terminaron perdiendo incluso la liturgia reformada y reteniendo sólo lo concerniente a las tradicionales leyes morales judaicas.
La adopción de los criterios del judaísmo reformista y el proceso de cambio cultural se advierten en expresiones como éstas: “Mamá decía que las leyes mosaicas eran leyes sanitaristas que para que el pueblo las pudiera cumplir las volvieron religiosas” [5], “Ellas preparaban siempre algo de cochino. Ellas lo hacían por la integración del mundo” [6], “ (la familia)... no conocía el hebreo, y se había olvidado de la práctica religiosa aún conservando la moral judía” [7].
Y en medio de este panorama de pérdida de identidad cultural y religiosa, la memoria oral de descendientes sefarditas evoca anécdotas de rechazo y temor enmarcadas a fines del pasado siglo y a lo largo del actual, transmitidas por sus consanguíneos inmediatos; como calificativos despectivos: “marrana”, agresiones desde el púlpito: “pérfidos e infieles”, imágenes estereotipadas: “beben sangre de niños”, “tienen rabo de cochino”, “tienen pacto con el demonio”, “deben ser expulsados”, entre otras.
Latente como una voz de alerta, el recuerdo a los sucesos de 1855 ha llegado hasta el presente:“Mamá decía: - Pero qué familia nuestra tan sinvergüenza, los echa Falcón y después vuelven para acá”. Por último, una recomendación, quizás la síntesis más acabada que explicase la causa del histórico rechazo y agresiones al grupo sefardita:“Hay que cuidarse por tres cosas: posición social, posición económica y condición de judía” [8].


Política y partidos: expresiones antijudías en el Coro de 1900
El alzamiento de los Castillo

El anterior proceso de cambio cultural se ubica en un contexto político específico. A fines de pasado siglo e inicios del actual la situación en Falcón, en términos políticos, era inestable. El triunfo de Castro no agotó la violencia de las guerrillas. Tardaría todavía un año más en lograrse el control del área. Correspondió al general Ramón Ayala, designado por Castro como Jefe Civil y Militar del Estado Falcón, la dirección de las maniobras militares para derrotar a los alzados.
En Falcón se levantaron contra Castro los generales Castillo (Carlos, Miguel, Jesús María y Abelardo), todos miembros de una misma familia, de profundo arraigo e influencia en la zona serrana de Churuguara. Otros dos Castillo: Ceferino y Ramón, se inclinaron desde un comienzo por el castrismo.
Fue necesario hacer repetidas operaciones militares para controlar el brote guerrillero. Los Castillo fueron derrotados a comienzos de enero de 1900 en Guasiquí, cerca de Churuguara, por tropas del general Ramón Ayala. Murieron Carlos y Miguel, quedando herido Jesús María [9]. Al descalabro de este alzamiento tomó la iniciativa el general Pilar Medina, quien también fue derrotado. Había además guerrillas en el litoral oriental, según reportaba el general Tellería [10].

Judíos mochistas y xenofobia religiosa

En opinión de Ayala, “el círculo hebreo” de Coro estaba implicado en estos levantamientos, apoyando la causa de “El Mocho” Hernández. Ayala acusó a los empresarios sefarditas ante Castro de fomentar la guerra junto a los judíos de Curazao, abasteciendo a los rebeldes con parque, dinero, ropa, envío de correspondencia y contactos: “Envalentonados con la vasta influencia que ejercen sobre esta sociedad, por ser casi los únicos capitalistas y por el apoyo que mutuamente se prestan, aspiran al dominio político y han creído propicia la época para obtenerlo. Esto le explicará a Usted por qué los hebreos hicieron alzar a los Castillo (...) y por qué alzaron después de Guasiquí a Pilar Medina...” [11].
De su correspondencia se desprende que entre fines de enero y principios de febrero de 1900 hizo arrestar a varios y de manera especial enfiló sus ataques contra Abraham Senior: “La medida de retiro del exequatur y luego la prisión de Senior (Abraham) y su embarque últimamente para Curazao, han sido verdaderos resultados” [12]. Involucró además otros apellidos judíos como Curiel, López Fonseca y De Castro, además de algunos católicos, y sugería a Castro: "Se impone la remisión a Caracas de Gil (José María) y algún otro, y la expulsión de los principales conspiradores hebreos" [13].
Ayala acudió a los lugares comunes de ciertas imágenes estereotipadas que existen acerca del pueblo judío, pero la situación se complicó todavía más al darse la agresión directa por parte de las autoridades eclesiásticas. En “La Revista Católica” del 15 de febrero –órgano de los intereses cristianos del estado, a decir del Pbro. José Dávila y González [14], vicario de la ciudad y acusado en varios volantes de incitar a la violencia contra los judíos-, se insertó un artículo que atacaba en forma directa a la comunidad judeo coriana, mencionando la expulsión de Abraham Senior y afirmando por extensión: “Se dice que pronto seguirán el mismo camino todos los judíos y judías que viven en Coro. Esta medida la aplaudirán todos los católicos, pues ella será la salvación espiritual y material de Coro” [15]. El texto enfrentaba abiertamente a católicos y judíos al incitar la violencia étnica y religiosa: “los católicos deben aplaudir el hecho de que sean arrojados de Coro todos los hebreos” [16].
No es coincidencial que se unieran el ataque político y el religioso, ya había sucedido en 1855. Y aunque hasta ahora no hay pruebas documentales, la inferencia lógica es que el inserto de “La Revista Católica” obedeciera a una estrategia que de común acuerdo desarrollaron algunos sectores de católicos en combinación con el general Ramón Ayala, a los efectos de obtener ventajas de la comprometida situación política en que estaban varios miembros de la comunidad judía coriana.
En Coro persistía, soterrado y esperando un nuevo momento propicio, el oscurantismo religioso, la intolerancia étnica y rivalidades económicas de grupos; todo ello canalizado hacia los sefarditas. Antecedentes de ello han sido recogidos en literatura especializada, como el libro de Isidoro Aizenberg, donde se menciona sin detalles tanto el incidente de 1900 como uno anterior, en 1884, que involucró al presbítero Teolindo A. Navarrete y que fue respondido por Manasés Capriles; así como la actitud de la diócesis barquisimetana a través del sacerdote Macario Yépez, quien hacía prédicas antisemitas y motivaba en ese sentido a los presbíteros destinados a Coro. La memoria oral también ha conservado el recuerdo de las agresiones de Yépez, así como el clima de inseguridad y temor que hasta bien avanzado este siglo causaban los sermones de la semana santa entre miembros del grupo sefardita.
Sobre este terreno de intolerancia subyacente, la coyuntura de la violencia política y las acusaciones del general Ayala vinieron a ser el catalizador que permitió aflorar los prejuicios antijudíos y estimular la discriminación; sólo que en 1900 el posicionamiento de la comunidad era otro debido al proceso de cambio cultural ya abordado y a una serie de alianzas estratégicas que involucraron a comerciantes católicos y, en particular, a la logia masónica Unión Fraternal N° 17. A esta institución, entonces con mucha presencia social, económica y política, pertenecía el grueso del grupo sefardita y numerosos católicos corianos, que mantenían alianzas económicas y se prestaban mutuo apoyo. Los más importantes importadores y exportadores de Coro pertenecían a la logia N° 17 y todos los grandes comerciantes e industriales judíos fueron miembros de la misma [17]. Pero graficará mejor este aserto un ejemplo: de los siete miembros fundadores de la Sociedad de Economías y Préstamos, que fuera la primera gran institución financiera de crédito hipotecario de Falcón, fundada en junio de 1896, todos eran masones y tres eran judíos corianos. Estos personajes fueron Josías L. Senior, Quiterio Henríquez, Elías Curiel, Constantino Petit, Salomón López Fonseca, Herman Leyba y Maximiliano Iturbe [18].
Las investigaciones indican que los judíos curazoleños participaron en la masonería desde mediados del s. XVIII, habiéndose fundado la primera logia alrededor de 1743, al establecerse en Curazao un masón: Daniel Cohen Peixotto [19]. Un sefardita, David Curiel, fue uno de los fundadores de la primera logia de Coro, la “Unión Fraternal N° 44”, en 1856, a un año escaso de haber ocurrido los motines anti judíos, ésta recibió después el nombre de “Unión Fraternal N° 17” [20]. Con posterioridad surgirían otras dos logias –en 1877 y 1878-, siempre con la activa participación de sefarditas corianos [21]. La unidad masónica fue factor de defensa ante un segmento social que hacía 45 años había desatado su última ira xenofóbica, y donde aún, de manera intermitente, se atacaba bien a los judíos o a los masones.
Pero retomando el hilo del conflicto, la reacción de los corianos no se hizo esperar, y al contrario de 1831 y 1855 en esta ocasión predominó una postura de defensa hacia el colectivo sefardita, manifestada en volantes que circularon a partir del 17 de febrero [22]. En uno de ellos, titulado “Protesta” y fechado el día 17, 101 corianos expresaron su total rechazo: “La Revista Católica se ha hecho eco en esta oportunidad de un viejo y extinguido espíritu de intransigencia religiosa, sofocado por las inmortales conquistas de la civilización y del derecho, que consagran la libertad de todos los cultos; ...”. Igualmente, explicitaron su apoyo a Abraham H. Senior y a todos los hebreos residentes en Coro [23]. Las firmas que encabezaban este volante eran las de José María Gil, Cornelio F. Recao, Isaac M. Maduro, J. C. Beaujón y D. A. Hernández. Quizás este volante le valiera a José María Gil que el general Ayala propusiera al presidente Castro su encarcelamiento. Otro volante, éste anónimo y titulado “Cinismo”, tras atacar al presbítero y a sus aliados en términos bastante encendidos, concluía: “Demasiados sacerdotes hay en el Estado Falcón que pueden desempeñar la vicaría de Coro. Por qué pues aceptar españoles carlistas que, lejos de concretarse a sus deberes, vienen a implantar la semilla de la discordia en nuestra sociedad?” [24].
Una carta abierta fechada 18 de febrero y dirigida al Pbro. Dávila y González, suscrita por seis de los más prominentes miembros de la comunidad judeo coriana, reprochaba a éste su intolerancia y sugería que “La Revista Católica ya registraba antecedentes de antisemitismo que ellos habían respondido con “desdeñosa indiferencia”[25].
A esta carta se le agregó, el día 19, otro volante también titulado “Protesta”, éste encabezado por Juan B. Weffer, Lorenzo Alvarez, José Nicolás Iglecia, Emilio Salcedo y Nemencio Morillo. El día 20, quizás aprovechando la simbólica fecha, se dejaron circular tres volantes más, firmados uno por residentes veleños encabezados por M. Iturbe, Polibio Aguirreche, Manuel Partida, Víctor Brigé y Eudoro Iturbe; otro suscrito por la Sociedad San Nicolás y el tercero por un grupo autocalificado de artesanos, encabezado por R. Piña Castro, Esteban Soto, Justiniano Piña, José Gallardo y Eladio Díaz. El resumen de aquellos volantes expresaba una condena a la postura del vicario, protestaban la intolerancia religiosa y se solidarizaban con Abraham Senior [26].
La reacción de los contrarios se plasmó en un volante fechado 21 de febrero. El texto, titulado “Por la religión” y suscrito en forma anónima por “varios corianos”, apoyaba al presbítero Dávila y reprochaba “... que la Coro cristiana se inclina vencida ante la Coro judiaca” [27]. El mismo padre Dávila publicó un texto titulado “Al público”, fechado 24 de febrero. En él se defendió de los ataques y expuso con crudeza su antisemitismo, ubicándose en una postura de extremo rechazo que quizás se explique por su origen español –algunos volantes lo señalan como canario-. Plagado de lugares comunes sobre el estigma del pueblo judío, como pueblo maldito, proscrito, deicida y enemigo de la religión católica, y las clásicas imágenes estereotipadas de avaro, egoista, segregacionista y otras; se complementaba además con especificaciones locales como la de contrabandista. El fulminante texto terminaba diciendo: “Soy sacerdote católico, y por ende enemigo del judío, y no concibo al cristiano que confunde en unos mismos labios la oración religiosa y el beso de Judas” [28].
Se desconoce la existencia de otros volantes, pero con certeza la situación de tensión y agresiones no terminó con la expulsión de Abraham Senior. El 23 de febrero, obviamente manipulando los hechos, Ayala escribió a Castro comentando el tema de los volantes, que según él eran una forma de protesta indirecta contra el gobierno, efectuada tomando como argumento lo que calificó de “pretexto baladí”, y acusaba: “Hojas y más hojas han circulado, costeadas por los hebreos, en las cuales se les prodigan las lisonjas más exageradas, y, particularmente, a Senior,...” [29].
La represión aumentó. El 10 de marzo Ayala reportó la captura el día 5 de varios hernandistas que habían permanecido ocultos desde la derrota de los Castillo: "Pertenecientes todos al gremio hebreo, que goza en este Estado de extensas relaciones, pusieron sus influencias y recursos monetarios al servicio de la revolución, pero con una tenacidad digna de mejor causa” [30].

Independiente a los excesos y estereotipia de Ayala, es muy posible que una parte del grupo sefardita haya sido simpatizante de la causa hernandista, cuyo pensamiento se aproximaba mucho a las ideas políticas que circulaban en los Estados Unidos, centro económico de donde estos comerciantes recibían fuerte influencia y apoyo.
Es factible, dada la ausencia de documentación que en forma directa o indirecta oriente a lo contrario, que el comercio coriano -como tendencia- no haya simpatizado con la causa de Castro. No se ha ubicado una carta del colectivo mercantil que exprese su afecto o felicitaciones a Castro, ni menciones a algo similar. Se ha encontrado correspondencia aislada en este sentido, por ejemplo del sefardita Elías Capriles expresando su adhesión a la causa del castrismo [31].
En su defensa, puede decirse que la correspondencia de otros funcionarios militares y civiles, como el general Arístides Tellería, el administrador de la aduana marítima de La Vela y el cónsul en Curazao –Miguel Bethencourt-, no hacen alusión a movimientos conspirativos de los comerciantes sefarditas curazoleños o corianos, lo cual resulta incongruente, ya que si la conspiración tenía centros en Coro y Curazao, lo lógico es que la correspondencia del cónsul Bethencourt, por ejemplo, informara sobre los movimientos de estos financistas, como sí lo hizo sobre los movimientos de los alzados. La correspondencia de Carlos Benito Figueredo, cónsul en 1901, tampoco arroja datos sobre este particular.
Al no lograr Ayala controlar la situación en Falcón, Castro optó por decretar hacia mediados del año un indulto para aquellos que se acogieran a la paz. El 19 de junio Arístides Tellería le informó que él, Claudio Hermoso Tellería y el general Medina habían firmado el día anterior un convenio de paz con el general José del Pilar Medina: "primer jefe de la revolución en el Estado”. El día 20 el general Agustín Pulgar informó al presidente haber logrado que diversos alzados se acogieran al indulto decretado, entregaron sus armas y se les dio salvoconducto [32].
La situación tendió a normalizarse en lo político y la xenofobia tomó sus cauces soterrados, lo cual permitió cerrar definitivamente este capítulo el 25 de septiembre de 1900, cuando por segunda ocasión el colectivo judío –a través de sus principales representantes- publicó una “Manifestación de gratitud”, afirmando que la efervescencia provocada por la guerra había cesado y agradeciendo la defensa de que habían sido objeto [33].

Conclusiones

A diferencia de ocasiones anteriores, ahora hubo una capacidad de respuesta inmediata del grupo sefardita a estos ataques. La neutralización y evidente éxito ante la agresión política y el rechazo étnico y religioso fue ostensible, y mucho más acabada en términos de su calidad. Esto se explica por diferentes razones, que pueden agruparse en tres grandes aspectos: el primero, de plena integración económica a la región y al país; el segundo, de profundización del proceso de cambio cultural; tercero y último, el pensamiento liberal en boga.
Tocante a la integración económica, a estas alturas del proceso de cambio cultural, con la segunda generación de nacidos en Venezuela, los capitales de estos empresarios habían arraigado en suelo nacional, creando relaciones claves de índole comercial, industrial, financiera y política tanto en Falcón como con otras importantes ciudades del país. Prominentes miembros de la comunidad hebrea desempeñaban roles de importancia en el poder estadal, como David López Fonseca y José Curiel Abenatar; otros, como Manasés Capriles Ricardo y sus hijos, Salomón e Isaac López Fonseca y los hermanos Josías, Jacobo, Abraham y Morry Senior tenían un enorme peso económico a través de grandes inversiones efectuadas en Coro y su región de influencia. Finalmente, en su mayoría detentaban cargos consulares.
En cuanto a la profundización del cambio cultural, la segunda generación nacida en Venezuela dejaba ver una severa fractura con respecto a su herencia étnica y religiosa. La comunidad se enfrentaba, quizás sin saberlo, a la pérdida de su imaginario; es decir, de ese conjunto de significaciones que eran garantes de cohesión grupal y preservación de identidad como un grupo distinto al criollo. Por el contrario, lenta y dolorosamente en algunos casos, se daban rupturas importantes, es el caso de los matrimonios exógenos, que se dieron cada vez más, uniendo por sangre, afectos e intereses a corianos y sefarditas. También estaba otro elemento, subyacente pero igual de efectivo como ruptura: el nacimiento de descendientes de mujeres gentiles y judíos, concebidos fuera de matrimonio pero casi siempre reconocidos ante las autoridades. Esta nueva descendencia era una generación de enlace, criada casi siempre bajo la fe católica pero conciente de su ascendencia hebrea, y vino a representar un soporte que no sólo atenuó sino además neutralizó la xenofobia que aún persistía.
Este aspecto de las uniones y su descendencia es muy importante, pues vino a ser un nuevo elemento de movilidad social en la sociedad coriana, que rompía el círculo de los tradicionales apellidos hispanos a la vez que apuntalaba al grupo en su proceso de cambio cultural. Quizás este factor de movilidad social causó malestar entre ciertos grupos e individuos; pero por otra parte amortiguó los prejuicios y redujo el riesgo de la discriminación.
El otro punto del cambio cultural fue la pérdida de los elementos de fondo y forma relativos a la fe religiosa, y la adopción de otros evidentemente cristianos. Así como se había dado hacía mucho tiempo una pérdida del lenguaje de la fe: el hebreo, y las lenguas madres traídas de la península ibérica; había ahora una pérdida del lenguaje religioso, en la cual fue decisiva la ausencia de autoridad rabínica en Coro; la carencia de una sinagoga como institución destinada a la preservación del culto, sustituida por una sala de oración que al parecer funcionó con poca eficacia, perdiéndose rápidamente los escasos elementos de culto traídos de Curazao. La adopción de nombres católicos, elemento que hibridizaba la identidad personal a cambio de facilitar la inserción en el medio coriano.
En fin, un conjunto de ausencias y pérdidas que gradual y eficazmente minó las bases de identidad del grupo, restándole cada vez más aquellas características que le hacían aparecer como particular y distinto, aproximándolo a una nueva realidad cultural y a una nueva fe religiosa.
Todo lo anterior obligaba al grupo como tal, y a cada individualidad, a reubicarse, profundizando la toma de nuevos valores, usos, costumbres, lenguajes; es decir, los referenciales de orden cultural. Quedaba para 1900, sin embargo, un elemento con valor de estigma que fue manipulado por ciertos católicos y la jerarquía eclesiástica más recalcitrante: el ser judío; pero que ya no tenía el mismo valor de identidad para una comunidad en transición, fracturada y conflictuada en su proceso de cambio cultural.
Por último, hay un nuevo elemento que vino a jugar un papel decisivo en la neutralización y división de la grey católica ante el exhorto a expulsar la comunidad judía: el liberalismo y el pensamiento positivo. Los volantes que contestan al artículo de “La Revista Católica” son clara expresión de nuevos valores: libertad de pensamiento, libertad de culto y rechazo a la intransigencia religiosa y el fanatismo, rechazo al imperialismo hispano y al racismo, exaltación de la civilización y el siglo de las luces, de la justicia, la fraternidad universal y el espíritu democrático.
Era evidente que el proceso de secularización iniciado por Guzmán Blanco daba sus frutos. Los rasgos típicos de la modernidad se imponen en esos volantes, donde se advierte con claridad un dominio secular de la vida social que vino a hacer contrapeso a las tendencias retrógradas expresadas por Ayala y La Revista Católica.
El liberalismo y el pensamiento positivo habían calado de manera profunda en Venezuela. Toda una generación de corianos es influenciada por este pensamiento, que recibió gran impulso bajo el guzmancismo y se consolidó entre el postguzmancismo y el gomecismo [34]. Para el momento en que se manifiesta este nuevo rechazo al grupo judío, los nuevos esquemas de pensamiento, amplios, alejados del dogmatismo, afines a todo lo que se identificara con el progreso, la tecnología, la cultura, las bellas artes; es decir, la civilización en el más puro sentido eurocéntrico, habían calado hondo en un sector de la sociedad coriana, y tenían su expresión visible en el actuar de sociedades culturales como la “Armonía” y la “Alegría”, en el empuje titánico de capitales judeo corianos por concretar –como lo hicieron para el año 1897- el ferrocarril La Vela-Coro, en el florecimiento de diversas industrias radicadas en Coro y, ahora, en la reacción de rechazo de una parte del colectivo coriano al ataque verbal hacia los inmigrados hebreos.
Sin lugar a dudas, entre 1855 y 1900 muchas cosas habían cambiado, y ya no existían las condiciones que permitieran, como en el siglo anterior, las explosiones de furia xenofóbica. Habían cambiado la economía, la sociedad y el pensamiento filosófico; los valores asociados a ese pensamiento habían penetrado en la población generando una nueva representación del mismo colectivo que hubieran atacado hacía 45 años. Pero también ese colectivo, los sefarditas, había cambiado. La transformación de su identidad mediante procesos de hibridación que les fueron integrando a la sociedad venezolana dio pertinencia a una defensa que demostró a las autoridades la nueva realidad de una sociedad, una ciudad y una región que habían asimilado a ese colectivo como propio. Terminado el conflicto, los sefarditas corianos habían dado un paso más, un gigantesco paso, en su camino de no retorno a sus orígenes y la adopción de una nueva cultura y fe religiosa.



BIBLIOGRAFÍA

AIZENBERG, Isidoro. La comunidad judía de Coro (1824-1900). Caracas, Edición Biblioteca de Temas y Autores Falconianos, 1983.
AVNI, Haim. Judíos en América. Madrid, Editorial MAPFRE, 1992.
CARCIENTE, Jacobo. Presencia sefardí en la historia de Venezuela. Caracas, Ediciones de la Asociación Israelita de Venezuela y del Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, 1997.
DE LIMA, Blanca. The Coro and La Vela railroad and improvement Co. (1897-1938). Coro, Ediciones UNEFM, 1996.
DE LIMA, Blanca. Isaac A. Senior e hijo: diáspora, comercio y cambio cultural (1884-1930). Coro, Inédito, 1999.
EMMANUEL, Isaac. The jews of Curazao. Monographs of the American Jewish Archives N° VIII, Cincinnatti. On the Cincinnatti Campus of the Hebrew Union College-Jewish Institute of Religion, 1973.
GOSLINGA, Cornelis. Los holandeses en Venezuela. Caracas, Edición de la Asociación Holandesa de Venezuela, 1992.
KARNER, Frances. The sephardics of Curacao. Van Gorcum & Comp. N.V., Assen, 1969.
STOURZÉ, Marcel. Judaísmo y masonería. Capítulo en Masonería y religión: convergencias, oposición, ¿incompatibilidad? Madrid, Editorial Complutense, 1996.
Unidad Masónica. Revista trimestral, órgano masónico del estado Falcón, Venezuela. Año 1, N° 1, abril de 1956.

[1] Se entenderá por cambio cultural el proceso de modificaciones subsecuentes en los patrones culturales originales de uno o más grupos, resultado del contacto continuo y de primera mano de individuos de culturas diferentes.
[2] Paul Johnson, La historia de los judíos. Caracas, Javier Vergara-Alfadil, 1991, pp. 338 y ss.
[3] Paul Johnson, Ob. cit., p. 346.
[4] Entrevista a Thelma Henríquez (hija de padres serfarditas), Coro, 6-04-1999. (En adelante Entrevista a T. H.).
[5] Idem.
[6] Entrevista a Débora Capriles (hija de padre sefardita), Coro, 23-03-1999 (En adelante Entrevista a D. C.). La Dra. Capriles proporcionó valiosa información sobre los hábitos de sus tías-abuelas y abuela paterna, que permiten visualizar lo que tal vez haya sido un último intento de preservación de la identidad grupal y religiosa del grupo serfardita.
[7] Entrevista a informante confidencial., Coro, 23-03-1999.
[8] Entrevista a T. H., Coro, 6-04-1999.
[9] Boletín del Archivo Histórico de Miraflores Nº 71, pp. 216, 220, 223 (En adelante BAHM).
[10] Idem, p. 310.
[11] BAHM. Nº 72, mayo-junio 1972, p. 13; N° 32, septiembre-octubre 1964, pp. 37-39.
[12] BAHM N° 72, mayo-junio 1972, p. 13.
[13] BAHM Nº 32, p. 39.
[14] “Carta pública del Pbro. José Dávila y González sobre el judaísmo. 24-02-1900”, Archivo personal del Sr. César Maduro (En adelante ACM). Se consultó el único libro de gobierno de catedral que pudo ubicarse en el Archivo Arquidiocesano de Coro, y que incluye el lapso 1871-1933, pero no se consiguió información sobre el Pbro. Dávila y González.
[15] “Carta pública de varios comerciantes judíos al Pbro. José Dávila y González (18-02-1900)”.
“Volante titulado Protesta, suscrito por residentes de La Vela apoyando a la comunidad judeo coriana en febrero de 1900” , ACM.
[16] “Volante anónimo titulado Cinismo, distribuido durante los incidentes antijudíos de febrero de 1900”. ACM.
[17] Ver los cuadros logiales de los años 1883, 1890 y 1899, que reposan en la logia “Unión Fraternal N° 17” de Coro; así como la revista Unidad Masónica, Coro, año 1, N° 1, abril de 1956, pp. 13-18.
[18] Archivo Histórico de Coro-UNEFM, Poderes y asuntos de comercio, segundo trimestre 1896, folios 14-16.
[19] Günter Böhm, Manuel De Lima fundador de la masonería chilena. Santiago, edición Universidad de Chile, 1979, p. 35.
[20] “Datos históricos de la Unión Fraternal” en Unidad Masónica, Coro, año 1, N° 1, abril de 1956, p. 12.
Un interesante documento: el diploma grado 3 de la Unión Fraternal N° 44, otorgado en 1858 a David Curiel “nativo de Coro” y de 30 años, es indicativo de la participación de la primera generación de sefarditas corianos en las logias corianas. David Curiel era hijo de Joseph Curiel, considerado uno de los “patriarcas” de la migración sefardita hacia Coro. “Diploma grado 3. Unión Fraternal N° 44, a David Curiel. 1858”, Logia Unión Fraternal N° 17, Coro.
[21] Archivo Histórico de Coro-UNEFM, Fondo Senior. Cuaderno de la logia Unión Fraternal N° 24, f. 3.
“Datos históricos de la Unión Fraternal” en Unidad Masónica, Coro, año 1, N° 1, abril de 1956, p. 13.
[22] El conjunto documental consta de seis volantes de apoyo a la comunidad judeo-coriana, una carta abierta dirigida por judíos corianos al presbítero involucrado en los sucesos, un volante de apoyo al mismo presbítero, una carta abierta de éste y otra, ya pasados los sucesos, remitida por el gremio hebreo agradeciendo el apoyo brindado; para un total de diez documentos. ACM.
[23] “Volante titulado Protesta, distribuido durante los incidentes antijudíos de febrero de 1900”. ACM.
[24] “Volante titulado Cinismo, distribuido durante los incidente antijudíos de febrero de 1900”. ACM.
[25] “Carta pública al Pbro. José Dávila y González por parte del colectivo hebreo de Coro, en febrero de 1900”. ACM.
[26] “Volantes distribuidos durante los incidentes antijudíos de febrero de 1900”. ACM.
[27] “Volante titulado Por la Religión, distribuido durante los incidentes antijudíos de febrero de 1900”. ACM.
[28] “Texto titulado Al Público, suscrito por el Pbro. José Dávila y González, fechado en Coro, 24 de febrero de 1900”. ACM. Este texto no tiene formato de volante y se desconoce qué publicación lo insertó. Lo recogió el Sr. Salomón Levy Maduro y lo conservó junto a los volantes, adhiriéndolos a un cuaderno.
[29] BAHM N° 32, pp. 37-39.
[30] BAHM N° 73, julio-agosto 1972, p. 52.
[31] BAHM N° 74, sept-dic. 1972, p. 56; BAHM N° 79-82, mayo-dic. 1974, p. 76.
[32] BAHM, Nº 78, pp. 307 y 310.
[33] “Volante titulado Manifestación de gratitud, fechado en Coro, 25 de septiembre de 1900”. ACM. Este volante fue suscrito por Salomón López Fonseca, Josías L. Senior, Isaac López Fonseca, José Curiel Abenatar, José David Curiel, Abraham H. Senior, Abraham S. Capriles y Elías Curiel.
[34] Angel J. Cappelletti, Positivismo y evolucionismo en Venezuela. Caracas, Monte Ávila editores, 1994, cap. 2.

Las fuentes primarias en Falcón: Fondo documental Casa Senior


Ponencia presentada en:
II Encuentro de Historia Regional y Local Falconiana
Taller: Fuentes para el estudio de la historia regional y local falconiana
Univ. Nal. Exp. Francisco de Miranda-Universidad Católica Cecilio Acosta
Coro, estado Falcón, Venezuela.
13-14 de julio del 2001

Introducción

La realidad es un infinito, y el conocimiento avanza sobre él en busca de lo nuevo. La propia realidad presiona y arrastra. La historia regional, la microhistoria, la historia de la alimentación, la historia de la mujer, la historia de la locura, son producto de ese ensanchamiento, de rupturas epistemológicas, presiones culturales y políticas que han retado las concepciones ortodoxas.

En Venezuela la historia regional se enfrenta, de entrada, a la historia oficial, cuyo eje es el centro del país. Por tradición se ha obviado la particularidad de las regiones, se han manejado a conveniencia del centro ciertos hechos y se ha escrito una historia estereotipada, adaptada a cualquier región.

Lo anterior remite a un problema antropológico e incluso político: el de la identidad. Aun formando parte de un todo, o precisamente porque se forma parte de un todo, de una nación llamada Venezuela, las regiones requieren elementos de juicio que expliquen cómo y por qué se forma parte de ese todo y en qué medida, aun participando de él, se tiene una especificidad que debe ser rescatada, explicada y comprendida. Se trata de que la investigación histórica aporte los elementos que permitan la construcción de una historia para que el colectivo de una región comprenda su participación en ese todo armónico llamado Nación.

La historia regional rescata los matices históricos que viven en diversos repositorios, entre ellos los archivos locales. Con su historia en la mano el pueblo puede precisar su identidad, adquirir y consolidar una imagen que se proyecta hacia el pasado, recuperando su historia particular y comprendiendo cómo ella forma parte de la historia nacional. Es una necesidad imperiosa del colectivo de las regiones, no siempre considerada ni advertida por quienes gerencian la educación y la investigación histórica.

Desde hace no menos de quince años los institutos universitarios impulsan el rescate de la historia regional, y en cada estado los investigadores se aproximan a viejos y nuevos temas, pero bajo otra concepción de la investigación: en la historia regional preocupan las particularidades. El historiador encuentra nuevos personajes, nuevos actores sociales, nuevos paisajes... las regiones van develando su especificidad geohistórica, retando las imágenes tradicionales.

En la búsqueda de nuevos elementos que nutran la relación sujeto-objeto, el historiador que se aproxima a una región debe estrechar el trabajo interdisciplinario con la geografía, la antropología, el arte y otras áreas de conocimiento, que aportan nuevas formas de pulsar las viejas fuentes, nuevas formas de lectura; y aproximan al historiador a fuentes y temas de estudio que antes le eran ajenos o estaban vedados. Igualmente, es necesario profundizar el estudio de las fuentes primarias locales, sobre las cuales, en Falcón, aún hay mucho camino que recorrer. En esta oportunidad, centraré mi atención en uno de los principales repositorios para el estudio y comprensión de la historia falconiana de los siglos XIX y XX: el Fondo documental Casa Senior.

Fondo documental Casa Senior

El Fondo Senior es el archivo comercial de la extinta razón social Isaac A. Senior e hijo, legado por Ben Senior a la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda. Contiene documentación diversa de esa casa comercial, cuya matriz estuvo Coro y cuyo origen se encuentra en el capital foráneo. Esta firma mercantil fue una de las más importantes en la región coriana durante el lapso que se aborda, en el cual generó un proceso de acumulación de capitales sobre la base del comercio de extracción de materias primas destinadas a los mercados europeos y al estadounidense y la introducción al gran escala de productos importados. Con el tiempo, su fortaleza la llevó a incursionar en el mundo industrial y financiero, en las relaciones internacionales y otras áreas.

La donación de este fondo documental tiene, por demás, todos los elementos propios de la formalidad asociada al valor de la palabra y los compromisos de amistad característicos de otros tiempos. No existe documentación alguna que confirme la donación, fecha de la misma ni inventario de lo donado. El origen del proceso fue la estrecha relación de amistad que existió entre el primer rector de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda -Dr. Tulio Arends Weber- y Ben Senior, último heredero de la firma. Estando ésta en proceso de liquidación y enterado el rector, propuso a Ben Senior la donación del archivo de la firma, cuyo destino era incierto. La entrega se efectuó sin mediar documentación alguna, bastando el valor de la palabra empeñada por Ben Senior como dueño de los documentos, Victoriano Arión -antiguo presidente de la Casa- como aval y el propio Dr. Arends como garante de la adecuada conservación del legado.

El Fondo Senior es uno de los pocos archivos comerciales prácticamente completos que existen en Venezuela. Otras casas comerciales de la época, en cambio, no dejaron registros escritos que permitan a los investigadores de la actualidad reconstruir la historia venezolana con sólido apoyo documental; o en otros casos los archivos han sido censurados, retirándose material considerado confidencial o de manejo reservado; el Fondo Senior fue donado sin selección alguna de documentos, constituyendo quizás el único archivo comercial y privado venezolano en estado de total integridad y abierta consulta. Con todo, no estuvo exento de sustracciones, y quien suscribe tuvo la oportunidad de tener acceso a un libro de contabilidad de la década de los ochenta del siglo XIX, el cual le fuera ofrecido a una tercera persona por un traficante local de objetos de valor artístico e histórico.

El archivo comercial y privado de la Casa Senior contiene información sobre la vida comercial, industrial, financiera, social, política; el urbanismo, las importaciones, exportaciones, la dinámica intra y extra regional del comercio, comunicaciones y otras, de Coro y su región natural –incluyendo las Antillas holandesas- durante más de un siglo, ya que abarca el lapso 1851-1974. Debe precisarse, sin embargo, que el libro más antiguo del Archivo, el «Libro del Comercio de David A. Senior», inserta operaciones anteriores a 1851 en el renglón de ventas de mercancías, lo que retrotrae el archivo hasta el año 1844.

Este fondo es una rica fuente de documentos –estimándose una cifra aproximada de 245 000, calculada a 700 documentos por caja, de un total de 351, sin contar los cuadernos de contabilidad y otros aún sin clasificar- que permite aproximarse en profundidad a la historia de Coro y su región desde la primera mitad del siglo XIX. Incluye, entre muchos otros, cartas comerciales y privadas, tarjetas de presentación, facturas comerciales y de gastos familiares, planillas de pagos de impuestos diversos, documentos de gastos de embarque, documentos oficiales, algunos catálogos y muestras de textiles. No se ha encontrado hasta el momento fotografías ni dibujos.

La documentación existente en el Fondo Senior permite conocer con excelente aproximación un amplio abanico de temas: historia del clima (sequías, lluvias y plagas asociadas), crisis mundiales de diversos productos conexos al quehacer agroexportador de la Casa (café, pieles de chivo, dividive y otros), evolución del transporte y las comunicaciones (arrieros-goletas-vapores-red carretera), cambios en la estructura de casas comerciales venezolanas y extranjeras, evolución de la dinámica agroexportadora en la región coriana, evolución de la dinámica importadora, cambio cultural en el grupo sefardita coriano, historia de los procesos de industrialización en la ciudad de Coro, impacto de las guerras mundiales y las crisis internacionales de 1921 y 1930 en la región coriana y en Curazao, la política exterior estadounidense y su relación con el comercio coriano, entre muchos otros.

El Fondo Senior representa un caso de excepción en materia de fuentes escritas por el excelente estado de conservación de los documentos, su abundancia y el estricto orden cronológico e incluso temático que le fue dado por todos los responsables de la firma, y que afortunadamente no se perdió en más de un siglo; lo que permite enlazar cientos, cuando no miles de documentos, logrando la construcción y recreación de sucesos, personajes y ambientes de todo tipo; en lo que constituye un reservorio único de tiempos de un segmento de historia de la región que incluye el período gomecista, muy poco abordado por los historiadores falconianos, más orientados por tradición a las etapas de conquista y colonia. Quizás debido a ello este fondo, hasta mi ingreso en 1992 como investigadora al Centro de Investigaciones Históricas Pedro Manuel Arcaya de la UNEFM, no había sido trabajado, existiendo a nivel de archivística un preinventario de las cajas y cuadernos de contabilidad que se conserva igual hasta el presente; y a nivel de investigación una revisión muy sucinta que por entonces se realizó para una tesis de maestría.

A lo largo de ocho años de labor ininterrumpida con este material documental he encontrado escasas dificultades con respecto al mismo. Muy pocos documentos guardan condiciones de alto deterioro, generalmente los afectados son copias en papel de arroz, en su gran mayoría están en castellano -hay algún pequeño porcentaje en inglés, menor aún en francés, alemán y holandés-. La mayor dificultad está en el horario de consulta del Archivo Histórico UNEFM, que no incluye sábados, domingos ni vacaciones debido a escasez presupuestaria que incide en la falta de recurso humano para dar atención al público, lo que ocasiona malestar permanente entre los investigadores interesados.

El rescate y valorización de fondos como el anteriormente descrito son tareas a ejecutar por las instituciones responsables y por los investigadores dedicados a la historia regional, para de esta forma enriquecer el fundamento que da soporte a la construcción de nuestro relato histórico. Una intensa actividad espera a Falcón ante la presencia de este y otros fondos documentales, si, en realidad, existe alguna intención de generar una historia regional de nuevo cuño, soportada en el uso de las fuentes primarias y en toda fuente que la enriquezca, en la interdisciplinariedad y en el rigor de la investigación histórica.

¿CELEBRAR QUÉ?


Texto leído en la sesión solemne del día de la Federación
Concejo Municipal-Municipio Autónomo Falcón
Complejo Cultural Josefa Camejo
Pueblo Nuevo de Paraguaná. 20 de febrero de 2004



El concepto de guerra civil engloba muchos conflictos de diversa índole, como las guerras de independencia, las guerras de secesión y las originadas en rivalidades étnicas post-coloniales –como ha sucedido en muchos países africanos-, por sólo citar algunas.
La guerra Federal, también llamada «guerra larga», que vivió Venezuela entre 1859 y 1863 fue producto de un conflicto social prolongado, donde grandes masas de población vivían en el déficit económico, social y político, contrastando con grupos de poder divididos en dos grandes tendencias políticas: liberales y conservadores, cuyas rivalidades internas estimularon el conflicto progresivo.
El concepto de federación se incrusta en la realidad venezolana desde el año 1811. Tomado de los constitucionalistas estadounidenses, este concepto ha marcado la dinámica política y administrativa de nuestro país desde el siglo XIX y hasta el XXI. Bajo ideas y lemas asociados a la federación se redactó la constitución de 1811, primera en el mundo hispánico que se definió como federal. Bajo una mixtura de Estados Unidos -federalista- y Francia -centralista-, la constitución de 1811 postuló la soberanía popular, la igualdad de los hombres ante la ley, la división de poderes, la república como forma de gobierno, la abolición de castas y privilegios, el sufragio popular y los derechos del hombre y del ciudadano, entre otros. El concepto de Estado federal enfrentó a Bolívar con quienes, al final, escindieron a Venezuela de la Gran Colombia. Federación, figura a la cual se opuso Bolívar en 1812 en su «Manifiesto de Cartagena», en 1815 en la llamada «Carta de Jamaica», en 1819 en el «Discurso de Angostura», en carta a O´Leary el 13 de septiembre de 1829. Bajo la bandera federal Páez y Soublette argumentaron la separación de Venezuela de la Gran Colombia en la convención de Ocaña de 1828. También las constituciones de 1858 y 1864 se arroparon como federales. Bajo ideas y lemas asociados a la federación también se desató la guerra Federal, una de las guerras más largas de la historia venezolana, que destruyó el aparato productivo, consolidó el poder de grupos económicos establecidos y estrechó nexos con los grandes prestamistas internacionales, pero no trajo una mayor justicia social. Federales se declararon todos los gobiernos desde el fin de la guerra Federal y todavía comenzando el XX el centralista y autoritario Cipriano Castro iniciaba el desmantelamiento del federalismo decimonónico presentándose como «restaurador» de la causa liberal-federal.
Federales y caudillistas fueron los hermanos José Tadeo y José Gregorio Monagas. Obviamente, lo fueron todos los caudillos de la guerra Federal. Federal fue Antonio Guzmán Blanco -hábil manipulador de la pugna centro/estados- y también sus detractores. Entre 1869 y 1908 todos los presidentes se identificaron como liberales y federalistas, casi todos fueron depuestos o combatidos por su sucesor. Los caudillos que retaban a los presidentes federalistas también combatían por la federación. Federalista y liberal fue el Mocho Hernández, enfrentado a todos los liberales, y qué decir del banquero Antonio Matos, millonario y tan liberal que lideró la revolución Libertadora.
Para comprender por qué se desató la guerra Federal en un Estado que se calificaba de federal, y cuyo modelo económico fue, a partir de 1830, el liberalismo de la «escuela clásica» que establecía la no intervención del Estado en los negocios privados en medio de una sociedad agropecuaria y mono exportadora[1], es necesario atender al hecho de que la guerra de independencia destruyó la estructura de poder colonial, mas no la estructura económica basada en el latifundio y el esclavismo, cuyos beneficios se trasladaron a nuevos grupos. Como tendencia, los que hoy llamamos héroes, esos que en nuestros libros de texto figuran como próceres y grandes personajes, se asimilaron con comodidad -si no es que ya pertenecían y se mantenían- a algún grupo de poder. Las fuentes primarias -no la historia oficial- nos narra que José Antonio Páez, Rafael Urdaneta, Ezequiel Zamora y muchos otros compraban y vendían esclavos y/o tierras al mismo tiempo que hablaban de libertad e igualdad. Se nos olvida que en 1840, treinta años después de haberse iniciado la guerra de independencia y 24 después de la primera declaratoria de Bolívar contra la esclavitud, el gobierno paecista dictó un decreto para restringir la libertad de los hijos de esclavos favorecidos por la ley de manumisión de 1821. Liberales y conservadores, élite al fin, incumplían una y otra vez las promesas hechas a lo largo de casi medio siglo. Encontramos, pues, una estructura social integrada por terratenientes, comerciantes-prestamistas exportadores e importadores asociados al capital extranjero -la burguesía comercial-, donde se insertan militares enriquecidos gracias a los «haberes de guerra», cuyas apetencias de poder económico se trasvasan a estos dos grupos antes mencionados. Tenemos además militares burocratizados y políticos de oficio. En el otro extremo una masa campesina con relaciones de explotación donde convivieron en una primera etapa esclavos y manumisos, a partir de 1854 los otrora esclavos y manumisos, antes y después bajo condiciones de extrema explotación y pobreza; peones asalariados bajo la férula de la ley de contratos de 10 de abril de 1834 y un artesanado pobre. Esto por lo que toca al orden social y económico. En términos político-administrativos, la estructura colonial capitán general-intendente y real consulado-audiencia-ayuntamiento desaparece para dar paso a las llamadas provincias federales, cuya soberanía fue escamoteada tanto por los caudillos locales y regionales como por los factores de poder central.
El bloque en el poder terratenientes-comerciantes se escinde en 1840, anunciando el fracaso del modelo económico liberal en Venezuela. Las causas fueron la crisis de la mono exportación, la elevada dependencia externa y el descontento de los productores agrícolas que, exhaustos tras sucesivas oscilaciones del mercado del café y del cacao, se enfrentaron al gobierno debido a la política económica. Ahogados por diversas leyes de crédito, destacando la Ley de Libertad de Contratos de 1834, que los puso en manos de la burguesía comercial, y negadas las medidas legislativas que protegieran al sector agrícola, el movimiento de oposición fue in crescendo hasta llevar a la formación del partido liberal venezolano, que asume con fuerza la bandera federal.
No fue este partido producto de una convicción ideológica, ni de la búsqueda de un cambio cualitativo en las relaciones económicas o sociales. Fue la forma en que, de manera oportunista, un segmento de la clase dominante asumió un discurso político demagógico para enfrentar a sus opuestos, los llamados conservadores o godos, manipulando a las masas empobrecidas de siempre y dando espacio a la manifestación de su pugna con la burguesía comercial. De manera coyuntural, campesinos, peones y dueños de tierras se vieron arropados bajo un mismo discurso que no emanó de un consenso político ni de la reflexión teórica. Ese discurso, progresivamente radicalizado en la medida que los líderes del partido variaron, fue el de la federación, que ya Venezuela conocía desde comienzos de la gesta de independencia.
La federación venezolana fue la expresión de un liberalismo radical que ofertó a las masas relaciones de paridad, no de subordinación, tras conceptos como libertad y expresiones como «tierra y hombres libres», que acompañara el movimiento campesino de 1846, prolegómeno del estallido bélico de 1859, donde emergerían otras frases como: «La federación es el gobierno de todos. La federación es el gobierno de los libres».[2] Quedaron así, pues, definidas dos grandes fuerzas económicas y sociales que terminarían enfrentadas en lo político: la burguesía comercial, arrolladora en su expansión capitalista, y la atrasada burguesía de la tierra, atada al latifundismo y la explotación extrema de la mano de obra sin aplicación de tecnología a su actividad económica, pero reforzada por un discurso y una oferta de justicia social que atrajo a los desposeídos de siempre y que al final no vieron mejorar sus condiciones de vida.
Tras sucesivos gobiernos que inclinaron la balanza hacia uno u otro núcleo de poder, se llega al deterioro extremo con las presidencias de los Monagas, donde el nepotismo, la corrupción administrativa y la concentración de la riqueza alcanzan grados máximos. Estalló una guerra de cinco años que no trajo ni el fin de las oligarquías ni la justicia social para los desposeídos, pero sí la destrucción de la infraestructura del país y y una cifra que oscila entre 60 y 100.000 muertos, un número elevado para una nación con apenas millón y medio de habitantes. Plasmados en el papel quedaron el respeto a los derechos y garantías ciudadanas, la abolición de la pena de muerte, la libertad de instrucción, el derecho al sufragio, la autonomía de los estados, una nueva legislación civil y criminal y la garantía al derecho de propiedad, entre otros muchos propósitos. En la práctica los líderes fueron inferiores a esos propósitos y la masa careció de claridad en sus objetivos. Y es que la propuesta federal de mediados del siglo XIX era, más que un proyecto congruente, una distorsión generada al calor de la pugnacidad y la tensa paz entre liberales y conservadores en el periodo 1830-1858. El concepto federal fue un pretexto demagógico, así lo dijo el mismo Antonio Leocadio Guzmán en un párrafo que ha quedado como clásico de la historia venezolana: «Yo no sé de dónde han sacado que el pueblo venezolano le tenga amor a la Federación, cuando no se sabe ni lo que esta palabra significa; esa idea salió de mí y de otros que nos dijimos: supuesto que toda revolución necesita bandera, ya que la Convención de Valencia no quiso bautizar la constitución con el nombre de Federal, invoquemos nosotros esa idea; porque si los contrarios hubieran dicho Federación, nosotros habríamos dicho Centralismo...».[3]
El país seguía -y siguió hasta la dictadura gomecista- sujeto a las apetencias e intereses de los caudillos regionales y locales, y cada masa obedecía a su pequeño líder, en una atomización que el distorsionado proyecto federal venezolano no pudo orquestar, y que habilidosamente Guzmán Blanco logró manejar a través de dos elementos: consensos directos con los caudillos que le garantizaron una federación nominal y el control real de los «federados» y por otra parte el situado constitucional, que vino a ser, finalmente, una forma de control del centro sobre los estados, un mecanismo utilizado cotidianamente en Venezuela para minimizar la autonomía de los estados y municipios.
Las consecuencias de la desastrosa guerra civil que vivió Venezuela entre 1859 y 1863 fueron la fragmentación del poder, con el surgimiento de más caudillos locales, dando paso posteriormente al federalismo centralizado de Antonio Guzmán Blanco, mas no a la desaparición del caudillismo, que tomó nuevos derroteros. Serios daños al aparato productivo expresados en la desaparición del mercado nacional, dada la interrupción del tráfico interno y la crisis del sector agrícola, donde de hecho se retrocedió a la economía de autoconsumo. Por otra parte, cesó o se contrajo la acumulación de capital al no haber excedente económico, circunstancia que aprovechó el capital extranjero para penetrar con mayor fuerza en el país.
Irónicamente, los resultados más importantes de la guerra Federal fueron:
1.- El aumento del poder de la impugnada burguesía comercial, controlando -igual que antes- el comercio exterior y el préstamo a particulares -uno de los detonantes de la guerra-, a lo cual se agregaron los estrechos nexos económicos con el Estado venezolano a partir de negocios como contratista.
2.- La profundización del sometimiento a las grandes potencias, las menos interesadas en beneficios para las masas que tanto había manipulado el discurso federalista. Esto se dio a través de nuevos empréstitos con países como Inglaterra, apenas terminada la guerra, en 1864. Antonio Guzmán Blanco se encargó de crear esta red de contactos y préstamos, mismos que se incrementarían durante el último cuarto del siglo XIX hasta desembocar en la crisis internacional del año 1902.[4]
Para los pobres no hubo tierra, para los pobres no hubo fin de las oligarquías, para los pobres sólo hubo una profunda catarsis bélica que duró cinco años y los dejó con el machete y la bandera amarilla en unas manos que quedaron como al principio: vacías. Atrás quedaron las asambleas abiertas y las proclamas al pueblo. Como fuera, los grupos económicamente dominantes habían llegado un acuerdo, representado en el Convenio de Coche, firmado el 22 de mayo de 1863 por Páez y Falcón. Las insurreccionadas masas campesinas ya no hacían falta. Los líderes desaparecieron, la llamarada discursiva se tornó en leyes y decretos que todo lo ofrecieron y nada concretaron.
Venezuela nació como una propuesta de Estado federal descentralizado clásico, una serie de estados que voluntariamente aceptaron traspasar parte de sus competencias a un Estado central. En la realidad, lo que ha funcionado es un Estado federal centralizado con logros mermados. Venezuela funciona hasta hoy como un Estado federal regional centralizado que escasamente ha transferido a los estados algunas funciones políticas y administrativas. Es habitual la dependencia del situado constitucional y el uso de la maniobra política y financiera del centro contra las regiones, estados y municipios. Coliden las funciones transferidas con las de organismos del poder central. La autonomía –basamento de las estructuras municipales- es un hecho administrativo, no constitucional. No han logrado comprender las regiones, estados y municipios –pero sí el poder central- que la dinámica federal es una dinámica de conflicto donde hay dos estructuras: una central y otra autonómica o periférica, donde cada poder tratará inevitablemente de fortalecerse frente al otro, y en el caso venezolano ha llevado las de ganar, siempre, el poder central. Como bien lo ha expuesto Elías Pino Iturrieta: «La centralización es el rasgo dominante de Venezuela contemporánea. Hoy un solo núcleo dirige la vida de los ciudadanos. Alrededor de un elenco selecto giran los partidos, la administración pública, el ejército, los negocios de los particulares y la vida cotidiana».[5]
La actual constitución tiene como fundamento un modelo federal descentralizado, modificado para ajustarlo a lo que se considera la especificidad nacional -en este sentido sigue la misma pauta de la constitución de 1961-, y quedó plasmado en su artículo Nº 4, el cual dice: «La República Bolivariana de Venezuela es un Estado federal descentralizado en los términos consagrados en esta Constitución, y se rige por los principios de integridad territorial, cooperación, solidaridad, concurrencia y corresponsabilidad». La realidad indica que esa descentralización es hasta hoy sólo una intención constitucional.
Más allá de los papeles membretados, los sellos húmedos, los himnos y las banderas estadales, las puntuales ofrendas a los llamados héroes, y textos como el que hoy leo en este recinto, los invito a no olvidar que la guerra Federal en modo alguno fue una gesta heroica, sino una cruenta guerra civil que destruyó a Venezuela, y el ideal clásico de un Estado federal descentralizado ha sido en la práctica una entelequia utilizada de manera oportunista a lo largo de nuestra historia por tirios y troyanos ávidos de poder.
Nuestra Constitución obliga a avanzar sobre una estructura federal descentralizada, pero es necesario advertir que nada se logrará, por muy adaptada que sea la propuesta a las especificidades del país, mientras persista un diálogo de sordos en el cual el poder central niegue, condicione o limite los poderes de los estados; mientras los estados no den cuerpo a sus funciones constitucionales más allá de pomposos y decorativos textos de constituciones estadales, mientras los ejecutivos regionales irrespeten y coercionen las autonomías municipales, y mientras en los municipios no se haga conciencia de que el ejercicio de la autonomía y la posibilidad de manejar una propuesta federal pasa por:
- Separar con claridad las atribuciones de las distintas autoridades municipales, eliminando el manejo discrecional del poder municipal.
- Lograr la autonomía administrativa para evitar las presiones e injerencias externas.
- Lograr la autonomía financiera creando fuentes propias de ingreso al municipio, sin recurrir a la dependencia viciosa del situado constitucional.
- Una clara definición de las atribuciones del municipio en áreas clave como salud, educación, policía municipal, medio ambiente, vivienda, entre otras; para el logro de una profunda justicia social.
- Integrar a la ciudadanía organizada en la formulación de políticas, gestión de servicios, programas de interés comunitario, entre otros.

Cuando hayamos logrado esto, será un placer venir con ustedes a celebrar los avances en el logro del ideal federal.

[1] Catalina Banko. El Capital Comercial en Venezuela. En: http://unm.edu/econ/content/ecosoc/1998/april/capital.html (13-02-2004).
[2] Proclama de Tirso Salaverría en Coro, el 20 de febrero de 1859.
[3] J. A. Cova. «La influencia de la guerra federal en la vida social venezolana». Artículo en Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Nº 188, octubre-diciembre de 1964, p. 504.
[4] Catalina Banko. El Capital Comercial en Venezuela. En: http://unm.edu/econ/content/ecosoc/1998/april/capital.html (13-02-2004).
[5] Elías Pino Iturrieta. Rasgos y límites de la restauración liberal. En «Cipriano Castro y su época», Monte Ávila editores. Caracas, 1991, p. 17.

El café coriano y la Casa Senior: 1900-1930


Publicado en:

Ensayos Históricos. Anuario del Instituto de Estudios Hispanoamericanos.

Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela.

Segunda Etapa, Nº 13, 2001, pp. 139-155.




Introducción
Pese a no estar identificada con el cultivo del café, la región coriana alcanzó a ser exportadora de este grano, cuyo cultivo se dio particularmente en la zona serrana, captando además el fruto que provenía de Lara e incluso del norte de Trujillo. Alrededor de operaciones con café, en algún momento de la segunda mitad del siglo XIX, se encontraron los ingredientes necesarios para impulsar el negocio: un exportador con visión capitalista – entre ellos Isaac A. Senior, que a partir de 1884 pasó a llamarse Isaac A. Senior e hijo (Casa Senior)-, un pequeño productor, un agro ineficiente y un mercado internacional ávido de café. Todo estaba listo para que la región se adentrara en una serie de procesos económicos que condujeron, finalmente, a su particular inserción en el mercado capitalista mundial.
La firma coriana Isaac A. Senior se inició temprano en el negocio cafetalero. Menciones constantes a goletas se encuentran en los más antiguos libros de caja del Fondo Senior (Libro del comercio de David A. Senior (1851-1865), f. 5 y 9; Libro de caja 1860-1866, f. 63; Libro de caja 1864-1869, f. 13 y ss.; Libro de caja 1870-1873, f. 50 y ss.). Las más antiguas operaciones detectadas con el grano retrotraen a febrero y marzo de 1851. Los libros de caja de años posteriores continúan con el registro intermitente de transacciones con café, enviado a Curazao por goletas, transacciones que se incrementaron progresivamente, a tono con el auge del grano, que Senior exportó a Hamburgo vía Curazao cuando menos desde 1873 (AHC-UNEFM, FS, Libro de caja 1873-1875: f 58, 84 y 136).
Coro se hizo exportador de lo que en el mercado de fines del XIX y primeras décadas del XX se llamaron «clases ordinarias»: cafés de baja calidad y bajos precios utilizados como mezcla para hacer rendir el café tostado y molido. Con todo, un grano que llegó a tener nombre propio en diversos mercados internacionales, que logró hacerse un nicho y no supo desarrollarlo, perdiendo la región su vocación cafetalera y desapareciendo incluso del panorama nacional.

El Coffea arabica coriano: origen y destino
Flores blancas con suave fragancia y evocación a jazmín. Entre tres y cinco metros de altura y hasta diez metros en su estado natural, pero podado para efectos de cultivo no rebasa los dos metros de altura, a fin de facilitar su cosechado y generar mayor floración. Su fruto, llamado «cereza», encierra la historia económica de la Venezuela post independentista y pre petrolera. Es el café venezolano, clasificado entre los cafés suaves, llamados así por su menor contenido de cafeína y mayor calidad, que les otorga amplia competitividad y un mejor precio (1).

Un proceso largo y artesano, sometido a la dictadura del sol y la lluvia, a la carencia de brazos, la inestabilidad política, las exigencias del comprador y los avatares de las bolsas internacionales marcaba la ruta del grano: cosecharlo en varios periodos o recorridas porque no todos los frutos maduran a la vez, descerezarlo, lavarlo, secarlo, trillarlo, seleccionarlo separando granos según calidades. El café coriano, hasta donde dejan ver los documentos, nunca fue lavado, proceso que resta impurezas y elimina granos de baja calidad, garantizando sabor y aroma superiores en el producto final. Todo orienta a la prevalencia de cafés ordinarios y trillados -proceso que elimina la cáscara apergaminada y plateada que cubre el grano- con la técnica del pilón: «han hecho los días con mucha atmósfera que no he podido pilar» (AHC-UNEFM, FS, Caja 36, Doc. 482). Los informes procedentes de Europa y New York en diferentes décadas de los siglos XIX y XX describen el café de Coro abundando calificativos como ordinario, trillado, corriente, finos, buenos y malos (AHC-UNEFM, FS, Cajas 4, 5, 6, 10, 11, 36, 52, 93, 120, 161, 188, 216, 249). La excepción a esto fue el llamado café tipo sierra, un tanto mejor posicionado en el mercado internacional.
La Casa Senior captó la producción de los viejos y nuevos poblados del piedemonte y la sierra de San Luis (San Luis, Cabure, Curimagua, Pedregal, Pecaya, ...) y de los más nuevos que surgieron y formaron la microrregión San Luis-Churuguara, como la villa de Churuguara, Pueblo Nuevo de la Sierra y Mapararí, así como los del eje Purureche-Piedra Grande hacia el occidente. Todos ellos afianzaron su prosperidad económica sobre la base de cultivos comerciales, predominando el café. Penetrando el estado Lara se ubican en la depresión de Barquisimeto poblados asociados al café en esos años, como Aguada Grande, antes San Miguel, registrada en el censo de 1875 como zona productora de café en gran escala, y Siquisique; este último con importantes operaciones de café hacia Coro, resultantes de su ubicación privilegiada con respecto a espacios dedicados al cultivo del aromático grano, como la serranía de la Venta, colindante con Falcón (Apuntes Barquisimeto: 331-332). Hacia la depresión de Carora se localizan de sur a norte El Tocuyo, Carora y Baragua. Estas tres poblaciones formaban parte de la antigua ruta colonial hacia Coro, la estratégica ruta de la sal -negocio monopolizado en buena medida por comerciantes tocuyanos- que conectaba con el occidente falconiano. La Casa Senior usó la misma red para crear una ruta del café y captar el grano que fluía desde Trujillo y de las vegas a lo largo de los ríos Tocuyo y Curarigüita. Baragua fue punto importante por sus sitios de posada, sus jagüeyes y su ubicación fronteriza en la red de comunicaciones de la región. Fue un puesto de avanzada de Carora hacia Coro, que los comerciantes corianos usaron a la vez para beneficios comerciales como captador de la producción de café de su entorno (Cunill Grau, P., 1999: Vol. I, cap. IV).
New York, El Havre y Hamburgo fueron el destino del humilde Coffea arabica coriano, un café de muy dispar calidad que debido a la heterogeneidad de su procedencia y la pobre tecnología de procesamiento carecía de tipos fijos. Ello determinó que la Casa Senior no asumiera una postura estricta en cuando a comprar sólo sacos muy escogidos, enfatizando más bien otros aspectos del grano, como que estuviera seco y sin olor a humedad, para garantizar el peso del producto, y que no estuviera excesivamente mezclado, para facilitar el proceso de clasificación. Sin embargo, los compradores destacaban el llamado tipo Sierra, descrito como un café de grano grande, parejo en tamaño y color, con pocos granos negros y algo terroso en sus clases corrientes. Otros tipos de café manejados por Senior fueron el Carora y el Parupano (AHC-UNEFM, FS, Caja 2, Doc. 48).

La red comercial
El café coriano exportado por la Casa Senior provenía de una miríada de pequeñas propiedades enclavadas a lo largo del sistema coriano y de las depresiones de Barquisimeto y Carora, en los llamados paisajes montañosos e intraserranos. El pequeño productor era doblemente débil. En primer lugar, la explotación que hacía de la tierra no era integral, carecía de las fuertes tendencias autárquicas que sí tuvo, por ejemplo, el hato. Su magro excedente se canalizaba hacia la adquisición de aquello que no producía. Lo usual era la venta adelantada de cosechas. En segundo lugar, están los diversos momentos de la producción y comercialización del café, severamente limitados por factores que restaban velocidad a la reproducción del ciclo del capital, como por ejemplo, tecnologías atrasadas para la cosecha, lavado y trillado del grano.
Por otra parte estaba la persistencia del entonces inevitable sistema de transporte que eran los arreos, única alternativa para sacar el producto desde la sierra y más al sur, hasta el plano costero falconiano, y que estaba sometido a los imperativos del tiempo climático y el tiempo político, como cuando en 1898 desde Siquisique le avisaron a Senior que por motivos de la guerra no habían podido enviar café para pagar una deuda, o cuando en 1912 le avisaron desde Pedregal que no podían levantar cargas: «por estar los animales en muy mal estado», o en 1926 Chirinos Hermanos, desde Churuguara, avisó que había escasez de recuas debido al verano y no iban a poder enviar todo el café comprometido (AHC-UNEFM, FS, Caja sin número (1898), Doc. 267; AHC-UNEFM, FS, Caja 137, «Eusebio López se excusa por no poder llevar unas cargas [24-04-1912]»; AHC-UNEFM, FS, Caja 269, «Explican escasez de arreos a Senior que impide enviar el café [19-02-1926]») (2).
El productor-intermediario regional solía ser un cafeticultor que además controlaba, mediante compras adelantadas, la producción agrícola próxima a su hinterland. Estas compras las hacía bien con su propio capital o con dinero entregado por la firma coriana. Este grupo fue una mezcla de personajes que reveló el nuevo perfil del agro coriano, completamente distinto al de la Colonia: italianos (Faraco, Gonnella, Cardosi, Magrini...), árabes (Abraham, Bohana, Sarquis, Elies...), apellidos del antiguo estado llano (Romero, Rojas, Morles,...), descendientes católicos de judíos sefarditas (De Lima, López, López-Fonseca), viejos generales de las distintas revoluciones ocurridas desde mediados del s. XIX y descendientes de esclavos en proceso de ascenso social sustituyeron los otrora dominantes apellidos y las grandes posesiones. Pero además, este intermediario regional era propietario de un comercio, generalmente al detal, que se surtía en I. A. Senior e hijo y gozaba de los créditos de esta razón social.
En cuanto a los exportadores, la razón social I. A. Senior e hijo fue una de las firmas exportadoras más fuertes de la región coriana. Otras firmas y/o comerciantes relacionados con exportaciones de café fueron: Guillermo Cook e hijos, Quiterio Henríquez, Isaac C. Henríquez, Henríquez & Ca., José López Fonseca, Salomón López Fonseca y Julio Capriles. La Casa Senior adquiría el café en compras menudeadas, que iban entrando por partes desde los diferentes puntos de la región. Teniendo a Coro como centro de acopio, Senior contactaba con los intermediarios regionales, asegurándose que mantuvieran el control de los productores directos, control que significaba tanto que vendieran para Senior, y aceptaran los precios impuestos al grano en sus vaivenes cíclicos, como que fueran fieles consumidores de las mercaderías importadas por ella.

El café en el nuevo siglo
El mundo vivía el frenesí de trust y carteles que no tardaron en dar paso a los monopolios. La masa de capital acumulada en Europa y Estados Unidos se derramó sobre el planeta. La población en aumento y con un poder adquisitivo fuerte empujaba adelante la demanda de productos. Los países industrializados buscaban más y más materias primas. La región coriana contribuyó generosamente: café, pieles y dividive; cada uno en su momento fue eje de nuestra economía, que pugnaba y era arrastrada a insertarse en la dinámica impuesta por el comercio internacional. El avance sobre la industrialización se intentó, pero sin éxito, la región quedó bajo el influjo de las fuerzas exógenas que la exigían como aportadora de materias primas, nada más.
La producción de café alcanzó niveles únicos. Brasil estaba, una vez más, a la cabeza. Las plantaciones de las Indias Holandesas padecieron las consecuencias de plagas. La coyuntura colocó a Venezuela como segundo productor mundial de café y primer productor mundial de cafés suaves. El mercado en New York abrió el siglo firme y avanzando. Los consignatarios se aproximaban a Senior buscando operaciones con café y enviando cuentas-ventas simuladas, lo cual era frecuente en épocas de auge de algún producto: desde Barcelona (España), J. Palau Puig; desde New York, Henry W. Peabody & Co. (AHC-UNEFM, FS, Caja 38, «Ofrecimiento para consignación de prueba de café a New York [24-04-1900]», «Ofrecimiento para consignación de café hacia España [20-06-1900]»). Pese a la diversidad de ofrecimientos, Senior daba prioridad en sus contactos y operaciones a las firmas estadounidenses Boulton, Bliss & Dallet y D. A. de Lima & Co.( AHC-UNEFM, FS, Caja sin número (1893-1909); AHC-UNEFM, FS, Caja sin número (1904-1905); AHC-UNEFM, FS, Cajas 36, 52, 93 y 120).
Tras la aguda crisis de 1895, que desplomó los precios de café en todo el mundo, la calma fue corta. El café seguía llegando desde Carora, Churuguara, Mapararí, Parupano... pero las oscilaciones del mercado no tardaron en imponerse, presentándose fluctuaciones violentas de precios. Era la marca de la libre competencia que caracterizó al café en esta etapa. Bruscas caídas y ascensos de precios que quedaron plasmadas en numerosos reportes enviados a Senior a lo largo de los años: marzo de 1900: mercado fluctuando un poco últimamente; junio de 1900: mercado fluctuando violentamente; noviembre de 1903: mercado del café venezolano continúa muy quieto; abril de 1904: temen que si los arribos siguen siendo considerables los precios bajen; mayo de 1904: la depresión del mercado se acentúa; julio de 1907: muchos creen que se verá pronto otra baja del café; mayo de 1910: mercado del café muy estable; agosto de 1910: mercado del café firme, activo y avanzando, principalmente para las clases de Brasil; enero de 1911: mercado desmoralizado, precios declinando (AHC-UNEFM, FS, Cajas 36, 52, 93 y 120).
Debe también considerarse lo que puede llamarse la ruta crítica natural del precio de los cafés suaves, que enlazaba cosechas, estaciones del año y precios. Esta ruta se desprendió de 44 documentos que abarcan desde mayo de 1910 hasta marzo de 1911, remitidos por Bliss & Dallet desde New York con periodicidad semanal. Para los cafés suaves la ruta era la siguiente: en enero comienzo de la nueva cosecha de cafés suaves. En marzo apogeo de la cosecha de suaves y baja de precios. Junio y julio -el verano en general- meses de menor consumo. Septiembre: inicio de la demanda de invierno, siendo esta la estación de mayor actividad del grano, mayor demanda y elevación de precios (AHC-UNEFM, FS, Caja 247). En un año de ruta típica, como lo fuera 1910 según los informes enviados por Bliss, Dallet & Co., los meses de mayo y junio se caracterizaron por un mercado generalmente quieto y estable, hacia finales de agosto comenzó a mostrarse activo y avanzando, permaneciendo firme con ligeras variaciones desde septiembre hasta fines de diciembre, en que nuevamente volvió a reportarse como quieto, pues el final del año incidía tornando lento el mercado (AHC-UNEFM, FS, Caja 120).
1899 escribió Vicente Kock, comerciante alemán de Puerto Cabello, a la Casa Senior: «Parece que la revolución se está acabando, falta saber cuándo vendrá la próxima» (AHC-UNEFM, FS, Caja sin número (1899), Doc. 285). No pudo intuirlo mejor. Venezuela se estremeció entre 1901 y 1903 con la Revolución libertadora y el bloqueo de las potencias europeas. De toda la región llegaron las malas nuevas de los deudores insolventes y los detallistas temerosos, evocando lo ya sucedido en el quinquenio anterior: «Yo pensé el año que expiró haber dejado satisfecha esa cuenta, pero se presentó esa atroz guerra la cual acabó de arruinarme. Agregando a ella la depreciación completa del café que ha venido a ser la verdadera tumba de nosotros los agricultores». Eran letras de Ismael Arraez desde Siquisique en 1903 (AHC-UNEFM, FS, Caja 52, «Sobre adeudo vencido de Ismael Arraez [12-10-1903]»).
Guerra interna, bloqueo externo. La región convulsionó. Con este telón de fondo Boulton, Bliss & Dallet reportó desde New York en 1903 un mercado del café debilitado en los meses de mayor actividad, con demanda restringida a las calidades altas. Los informes regulares enviados por de Lima en 1904 no fueron mejores: precios nominales, compradores presionando a la baja y tenedores resistiendo. Depresión acentuada a mediados de año, arribos considerables de varias procedencias. La situación repercutió en las importaciones: «... notamos con gran sentimiento lo escaso que se nos hacen sus muy apreciados encargos. Saben Uds. que manejamos sus gratos pedidos con muy preferida atención, y que nos causa verdadera pena vernos privados de ellos por tanto tiempo» (AHC-UNEFM, FS, caja sin número (1904-1905), «Informes sobre mercado de pieles y café en New York [1904]»; AHC-UNEFM, FS, caja sin número (1904-1905), «Everett, Heaney & Co. extraña retiro de Senior [11-11-1904]»).
La situación se tendió a normalizar en lo interno para el año 1905. Pero el café continuaba deprimido. Mientras, Senior estaba muy ocupado negociando pieles de chivo en grandes cantidades asociado a Boulton & Co. de Puerto Cabello. Si bien no desapareció, el café disminuyó su presencia en las operaciones exportadoras de la Casa Senior. El volumen de la correspondencia se invierte, predominando documentos relacionados con las pieles de caprino. No ayudó a la región el intenso verano de 1908, que se abatió sobre la sierra coriana perdiéndose cuando menos la cosecha de primavera, pues en febrero Senior fue informado: «La cosecha se perdió en este mes por el serio verano, creemos que todo lo que arrojará esta cosecha no pasará de 500 quintales en todo el distrito» (AHC-UNEFM, FS, Caja 93, «Carta de J. M. Suárez sobre la crisis del café en Churuguara [18-02-1908]»).
El resultado de la primera década del siglo no fue halagador para el café coriano. La depresión en los precios fue evidente. A mediados de 1910 en New York eran inferiores a los de diciembre de 1896 en la misma plaza, y al terminar el año, con todo y un buen empuje al alza, apenas alcanzaron a los precios de enero de 1896. En 15 años los exportadores corianos no avanzaron en materia de precios, como tampoco el campo en la mejora del grano. La situación de estancamiento se mantuvo a lo largo de la segunda década, y fue hasta fines de la tercera cuando los precios rebasaron aquellos con que se iniciara la crisis de 1895. Esto sin que medie, en todo este tiempo, algún esfuerzo de comerciantes o productores por lograr un producto con mayor margen de competitividad en el extranjero. Toda la fuerza del empresariado agroexportador coriano repitió la viciada dinámica de la ganancia fácil, huyendo de aquellos artículos que se debilitaban para apoyarse en los de mayor fortaleza coyuntural. Hasta ahora, no se ha detectado el menor indicio de una alianza comerciantes-productores destinada a incidir en la mejora del producto.
Nada estuvo tan unido y tan disociado como estos polos de la cadena de comercialización. Una unidad retorcida, soportada en el endeudamiento crónico, la compra de cosechas, en relaciones de amistad y compadrazgo; y el distanciamiento marcado tanto por lo geográfico como por lo social y una visión del negocio completamente opuesta: el productor no rebasaba el nivel de sus necesidades ingentes y no se veía ni se asumía como un capitalista del campo, era una imagen anclada en la época colonial; por el contrario, el comerciante mayorista era de un individualismo feroz, voraz y agresivo en su manejo del mercado. Para ejemplo, en un año favorable como 1910, con precios en constante alza, Senior no se detuvo para avisar a sus clientes sobre una baja en el precio del grano, situación que volvió a repetir a finales de 1911 (AHC-UNEFM, FS, Caja 120, «Sabas Arraez envía café a Senior, quien le anuncia baja de precios [30-11-1910]»; AHC-UNEFM, FS, Caja 136, «Isidro Eliés envía café a Senior y comenta baja del precio [4-11-1911]»).
En busca de nuevos puntos de colocación para su café, Senior se orientó durante la segunda década del siglo XX hacia el mercado curazoleño y el venezolano, haciendo envíos a Boulton & Co. de Puerto Cabello, a Edwards, Henríquez & Co. de Curazao; consignaciones que eran vendidas en esas mismas plazas. Fue una década particularmente difícil para la región, que además de verse involucrada en las repercusiones de la primera guerra mundial, vivió el culmen de un proceso de sequías y lluvias violentas que se arrastraban alternadamente desde el siglo anterior. Fue la crisis ambiental y demográfica de los años 1911-1913. Un atroz verano que se inició en 1911 y se prolongó hasta 1913, acompañado de una plaga de langostas que asoló cosechas y generó una hambruna fatal para el plano costero coriano. Ante tal circunstancia Senior avisó a uno de sus vendedores en Europa: «Siento tener que manifestar que la situación general de Coro sigue siendo muy crítica, por el azotador verano el pueblo sufre miseria y nada podemos vender. Tengo en suspenso los embarques y sírvanse tener nuestros bultos en su poder hasta que les avise» (AHC-UNEFM, FS, Caja 144, «Josías Senior informa a Jaffé & Sons sobre la crítica situación de Coro causada por el verano [31-08-1912]»).
Hasta mayo de 1913 se dieron las primeras lluvias sobre el plano costero, y apenas terminaba la crisis local cuando Francisco Fernando cayó en Sarajevo, desencadenándose la Gran Guerra. 1914 representó un año de pérdidas importantes para la Casa Senior. Murió Sigismundo Weil, el factor de toda la vida, quien aperturó -prácticamente- las puertas de Europa a la firma y fuera mentor comercial de Josías Senior. Este quedó atrapado en la conflagración con su familia, dispersa entre Inglaterra y Suiza. Nada más lejano y a la vez más cercano a la Casa Senior que la guerra. Venezuela estaba lejos, pero parte de la familia estaba allá. El grueso de sus importaciones eran inglesas y alemanas, buena parte de sus exportaciones se orientaban hacia Europa. Lo que se imaginaba iba a ser una guerra de corta duración terminó en prolongado conflicto que afectó las importaciones, obligando a Senior a contraer sus operaciones, restringiendo créditos y limitando sus existencia al surtido de los clientes más antiguos. Surgieron progresivamente y quizás estimuladas por la guerra, fábricas nacionales que captaron a firmas como I. A. Senior e hijo, quien comenzó a comercializar productos nacionales de empresas como los Telares de Caracas y Valencia, aunque sin abandonar del todo a sus relacionados del exterior, como lo revelan tanto la documentación como libros diarios y mayores donde continuaban figurando firmas newyorquinas como Neuss, Hesslein & Co., D. A. de Lima & Co., Everett Heaney & Co.; inglesas como Jaffé & Sons, Morreau & Spiegelberg, A. & S. Henry & Co. Lim.; francesas como H. Felsenheld, Fortunato Rocha, S. L. Behrens Ltd. y Meyer-Borel & Co., entre otras (AHC-UNEFM, FS, Libro diario 1916-1918; Libro Mayor 1916-1920; Caja 166).
Fueron años duros para el café, represados sus precios a niveles de finales del siglo XIX. Continuaron los excesos de grano y se sumaron las dificultades impuestas por la guerra. Coincidiendo con la entrada de los Estados Unidos a la Gran Guerra, en 1917, Senior se vio obligado a participar a firmas europeas que le sugerían hacer consignaciones que ya no estaba exportando café (AHC-UNEFM, FS, Caja 168, Doc. 67).

El café en los turbulentos años veinte
Mal final de guerra. En 1918 la pandemia de influenza hizo estragos en Coro. El primero de noviembre del mismo año la Casa participó a sus relacionados la muerte en Lucerna, Suiza, de Josías Senior. El ingreso de sus hijos a la firma y los cambios en el panorama mundial trajeron profundos cambios en la gerencia de la Casa Senior. Una decidida y nueva política de cobros utilizando abogado -David López Fonseca, de la comunidad sefardita, se hizo cargo de estos cobros- fue dirigida a deudores empantanados por una postguerra difícil para la región coriana, que volvió a vivir en 1920-1921 oscilaciones de fuerte verano y lluvias, además de una epidemia de viruela, sin contar el lógico impacto de la depresión mundial de ese lapso. De todas partes de la región llegaron cartas de deudores. Se pedía prórroga, condonación de intereses, fraccionamiento de la deuda y otros mecanismos que facilitaran el honrar los compromisos. La angustia era evidente: «en virtud de estar esto tan mal, perdido el año y acentuado el verano, y por tanto sin vender absolutamente nada» (AHC-UNEFM, FS, Caja 190, «Solicitud de prórroga para pagar un adeudo [13-07-1920]»), participaba desde la península de Paraguaná Alfredo Recao. «Adviértoles que estos lugares están mal y a la gente es poco lo que le falta para gritar y volar», informaban desde el piedemonte serrano (AHC-UNEFM, FS, Caja 200, «Reportan a Senior situación en La Cruz de Taratara [28-04-1921]»). Y desde la distante Carora anunciaban: «las ventas en esta plaza están completamente paralizadas, de tal modo que pocas veces hemos visto aquí una situación semejante» (AHC-UNEFM, FS, Caja 200, «Flavio Herrera e hijos se excusa por no hacer un pedido de mayor consideración al agente viajero [25-02-1922]»).
El mercado internacional del café iba y venía de la firmeza a las fuertes fluctuaciones. Pero quien realmente iba de salida era el aromático Coffea arabica venezolano. Desde comienzos del siglo hubo signos de pérdida expansiva en la producción nacional, y salvo una ligera recuperación en la segunda década que superó las cifras de comienzos de centuria y logró el récord de exportación de 1919, la tercera marcó un nuevo descenso que ya no se detuvo. A su llegada el petróleo simplemente tomó el sitial que el café abandonaba, acosado por una crónica baja de precios que los productores fueron incapaces de afrontar. El ilusorio segundo lugar mundial de Venezuela fue producto de una adversa coyuntura para otros países. La última ficción se vivió en la postguerra, cuando el frenesí de la paz empujó las exportaciones a cifras nunca antes vistas en el siglo, más de 81 millones de kilos de café exportó Venezuela en 1919 (Bol. Min. Fom., 1921: 157-159). Sin embargo, en 1921 nuestro país retrocedió ante el empuje de Colombia, quien con sus cafés suaves generó un nicho que aún hoy conserva, insertando en el mercado internacional los llamados cafés suaves colombianos, granos lavados sometidos progresivamente a estrictas normas de control de calidad que han hecho famoso su aroma, color, tamaño, humedad y textura.
En el caso coriano el productor laboraba cada vez con mayores desventajas, derivadas de sus mermadas ganancias en el estira y afloje de precios donde siempre se imponía el dictamen de las grandes casas exportadoras. Pero para comerciantes como Senior la cosa no pintaba mejor. El café coriano -quizás sometido a un proceso de desmejoramiento por falta de tecnologías adecuadas, de cuidado de las plantaciones, e incluso dado el agotamiento de los cafetos- era cada vez más difícil de colocar en un mercado donde los competidores abundaban y reaccionaban con mayor agresividad y decisión en el manejo de sus productos. De nada sirvieron medidas de estímulo como la Exposición del café y cacao convocada por el Gobierno nacional para el 5 de julio de 1923, a la cual el gobierno estadal agregó la adjudicación de una copa de plata al expositor de la mejor muestra de café de Falcón (El Conciliador, 1923: 2).
Senior persistió en sus intentos por colocar el grano, pero las muestras que envió durante esta década a distintos puntos recibieron pobres cuando no duras descripciones: «El café ha sido descrito como de grano corriente y de color, algunos rojos y negros, ligeramente quebrados y tostados» (AHC-UNEFM, FS, Caja 188, «Bliss, Dallet & Co. informa sobre muestra de café enviada por Senior [27-01-1922]»). La firma R. Desvernine, en 1924, advirtió a Senior que la calidad del café de Coro era poco apetecida en New York por ser un grano de pobre calidad (AHC-UNEFM, FS, Caja 216, «R. Desvernine informa sobre el mercado del café en New York [8-12-1924]»). En 1925 llegó de Amsterdam el reporte implacable de otra muestra enviada por Senior: era un café demasiado mal beneficiado, de calidad muy irregular y por tanto de bajo interés en ese mercado. El café estaba mal lavado, con toda clase de irregularidades como granos negros, basura, pergamino, granos amarillos e incluso piedras (AHC-UNEFM, FS, Caja 228, «E. J. Martens informa sobre muestra de café enviada por Senior [17-03-1925]»). Senior también envió muestras y consignaciones a Barcelona (España), que resultaron de difícil cotización y colocación en medio de un mercado que padecía una severa baja, fuertes fluctuaciones y compras de escasas a paralizadas (AHC-UNEFM, FS, Caja 228, «Informes de Molina & Co. S. en C. sobre el mercado del café en España [16-04-1925 y 20-05-1925]»).
A nivel local la situación era de malestar, el cual se agudizaría con los años y la crisis mundial en puerta. El reporte enviado al Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas –de la cual la Casa Senior era miembro para 1925- ilustraba: «Las ventas al detal del comercio de esta plaza se han paralizado un tanto últimamente así como también las transacciones en el ramo del café, por la poca estabilidad del mercado extranjero. Disminuyendo las entradas de café, disminuyen también las ventas en los detales. La gente pobre de los campos que traen sus lotecitos de café, destinan su producto por lo general a comprar en el detal» (Bol. Cam. Com. de Ccas, 1925: 2832).
En Venezuela se acentuaba la debacle del café y el petróleo brotaba de las entrañas. En Falcón se vivió una vez más la sequía prolongada, que se prolongó desde 1926 hasta el segundo semestre de 1927, causando nuevamente parálisis en las transacciones. El café coriano corría con mala suerte en New York. Si para los cafés suaves había en general problemas -a New York llegaban informes de sequía en Colombia y Venezuela-, los ordinarios o inferiores trabajados por Senior resultaban con frecuencia invendibles, según los reportes. Las calidades venezolanas se caracterizaban por su escasa demanda, mientras se acrecentaba el nicho de los suaves colombianos incluso por encima del verano atroz que hizo de 1926 un año difícil para los cafés suaves. La baja del caudal del río Magdalena complicó las cosas para Colombia, que no podía sacar el grano con facilidad, y se estimó en general una cosecha de suaves 30% menor a la normal. El año terminó con un mercado deprimido por factores políticos, pues el nuevo gobierno de Brasil no tomaba medidas para controlar el precio de su café y la perspectiva de cosechas sobrantes hacía pensar en baja de precios. Las circunstancias hicieron retroceder el café coriano unos cinco centavos entre junio de 1926 y julio de 1927, cuando se colocó en 16 cts. libra, precio del mismo café en 1895 (AHC-UNEFM, FS, Cajas 246, 247 y 269).
Fue una década de reajustes más o menos definitivos que marcaron el inicio de la reestructuración de la región por largos años bajo influencia de Isaac A. Senior e hijo. En la región centro-occidental Barquisimeto consolidó su posición nodal gracias a su enlace carretero y ferroviario con el centro del país y un incremento demográfico excepcional que la ubicó como cuarta ciudad del país, mientras Coro se posicionó en el catorceavo lugar, superada a nivel de región inclusive por San Felipe (Estaba, R., Alvarado, I., 1985: 94-95).
Senior respondió a estos reajustes mirando hacia Barquisimeto e intensificando o iniciando la comercialización de nuevos productos que vinieron a compensar el deprimido café coriano. Destacan en esta última década en estudio los sacos de henequén -que se usaban para productos como cacao, café y sal- los cuales competían, como siempre, con los sacos barquisimetanos y eran vendidos en Puerto Cabello y La Guaira, con ofertas incluso del oriente del país; considerables negocios con ajonjolí en Adícora, el cual fue exportado a Europa; importantes operaciones nacionales con maíz procedente del occidente falconiano, especialmente de la zona de Pedregal, el cual era vendido hasta en la isla de Margarita.
Contradictoriamente, el mismo petróleo que minaba la estructura de la cual surgía la bonanza de la Casa Senior vino a dar soporte a la firma, a través de la expansión del mercado interno regional que causó en esa tercera década la derrama de dinero proveniente del hidrocarburo. Fueron movimientos encontrados: por un lado, crisis de exportaciones resultante de la depresión en los centros importadores a partir de 1930, por el otro, fortalecimiento de las importaciones de la firma coriana, que se articularon con la derrama monetaria ocasionada por el petróleo y con su avance decidido sobre el mercado larense. Ello a pesar de que en 1930 hubo retiro de trabajadores por parte de las compañías petroleras asentadas en Falcón. El contexto global para el comercio venezolano era malo, los boletines de la Cámara de Comercio de Caracas siguieron, paso a paso, la evolución de la crisis. En enero de 1930 se planteó la perspectiva de «una lucha seria con circunstancias adversas», para marzo reportó una «pesadez impresionante», pues sólo se importaba lo necesario, se vendía en condiciones seguras y se recogían deudas; la circulación era baja por la baja de todos los productos exportables. El año terminó a la baja para el café coriano, reportándose una mala cosecha por falta de lluvias, calculándose un 50% de pérdidas en la sierra, principal productor (Bol. Cam. Com. Ccas, N° 194, 1930: 4629; N° 196, 1930: 4693; N° 205, 1930: 4966).
El momento de crisis mundial trajo consigo la debacle de los precios internacionales del café, lo que coincidió en Venezuela con la pérdida de su sitial como principal producto generador de divisas: «Mientras en 1920 el café y el cacao aportaban el 92% del valor total por exportaciones, el petróleo aportaba un 2%; para 1930 el petróleo figuraba con un 83%, mientras el café y el cacao descendían a un 15%» (Maza Zavala, D., 1985: 22). El perfil exportador del estado cambió, también el perfil productor y el demográfico. El campo comenzó a sentir el peso de la nueva industria. La sierra y su piedemonte iniciaron un cambio que las alejó del café, del maíz, del henequén, las panelas y la cocuiza, mermando demográficamente al cambiar el patrón de asentamiento.
Con los años treinta el llamado café coriano desapareció de la escena internacional. La Casa Senior aceleró sus actividades en Barquisimeto, lo que consta en las numerosas cajas con facturas consulares, duplicados de facturas, telegramas, cuentas corrientes, documentos de embarque, notas de compra, facturas comerciales y otros documentos fechados en Lara. A medida que avanzó en el área larense la política fue tomar distancia de los llamados «cafeceros», clientes que pagaban con café: «... no nos convienen y a medida que vamos aumentando nuestras relaciones buenas, iremos eliminando a los que no nos pagan sino con café» (AHC-UNEFM, FS, Caja sin número (1929-1940), «Lista de acreedores de la agencia I. A. Senior e hijo Barquisimeto [31-12-1934]»). Y es que la apertura de la agencia barquisimetana implicó el paso a operaciones estables de detal al contado y rompió con la subordinación al crédito, propia de una comercialización con escasez de numerario, basada en el ritmo de las cosechas, cuya inestable dinámica determinaba la honra de los compromisos o bien la suspensión de los pagos. Sin embargo, las operaciones en base al trueque, indicadoras del atraso económico, continuaron en la región, y la firma coriana no las descartó en su totalidad.
Para fines de los años treinta no se identificaba el café coriano en el mercado de New York, aunque Falcón continuó produciendo en los distritos Bolívar, Federación y Petit. Senior siguió exportando café en forma esporádica, figurando unos años sí y otros no como exportador. El mapa agrícola de Falcón 1957-1958 no incluyó al café, el cual fue marginalmente aludido por Marco Aurelio Vila (Vila, M., 1961: 175).
Hoy no hay café coriano de exportación.

NOTAS
1 Existen dos tipos de cafés suaves: los suaves colombianos y los suaves centrales, estos últimos incluyen los cafés venezolanos, centroamericanos y de México, así como de algunos países del sudeste asiático. Se obtienen de la variedad Coffea arabica y en su mayoría son cafés lavados, es decir, cafés que se remojan para someterlos a una suave fermentación que da su particular aroma al café lavado.
2 El Fondo Senior (Archivo Histórico de Coro, UNEFM) se encuentra parcialmente catalogado. En el caso de documentos que aún carecen de clasificación, se colocó la caja donde se ubica, un título que lo resume y la fecha del documento.




BIBLIOGRAFÍA
Fuentes primarias

Fuentes documentales
Archivo Histórico de Coro. Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (AHC-UNEFM). Fondo Senior (AHC-UNEFM, FS).

Hemerográficas
El Conciliador, Coro, 18 de junio de 1923.

Fuentes secundarias
ADRIANI, A. (1987) Labor Venezolanista. Caracas, Fondo de Inversiones de Venezuela.
Apuntes Estadísticos del Estado Barquisimeto (1876). Caracas, Imprenta de La Opinión Nacional.
Apuntes Estadísticos del Estado Falcón (1875) Caracas, Imprenta Federal.
ARDAO, A. (1984) El Café y las Ciudades en los Andes Venezolanos. Caracas, Academia Nacional de la Historia.
Boletín del Ministerio de Fomento, Año 1, Nº 4, enero 1921.
Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas, Año XIV, Nº 138, mayo 1925.
Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas, Año XIX, Nº 194, enero 1930.
Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas, Año XIX, Nº 196, marzo 1930.
Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas, Año XIX, Nº 205, diciembre 1930.
CARTAY, R. (1988) Historia Económica de Venezuela. Caracas, Vadell Hermanos.
CARVALLO, G., y HERNÁNDEZ, J. (1984) Temas de la Venezuela Agroexportadora. Caracas, Fondo Editorial Tropykos.
CODAZZI, A. (1940) Resumen de la Geografía de Venezuela. 1841. Caracas, Ediciones Ministerio de Educación, Vol. III.
Cuadernos de Información Económica, Caracas, año 2, Nº 2, febrero-marzo 1950.
CUNILL, P. (1999) Geografía del Poblamiento Venezolano en el Siglo XIX. Caracas, Edición Comisión Presidencial V Centenario/FHE-UCV, Vols. I y II.
D´ASCOLI, C., (1980) Del Mito del Dorado a la Economía del Café. Caracas, Monte Ávila.
DE LIMA, B. (1996) The Coro and La Vela Railroad and Improvement Co. (1897-1938). Coro, edición UNEFM.
DE LIMA, B. (1998) «La crisis del café coriano y la firma Isaac A. Senior e hijo (1895-1900)». ENSAYOS HISTÓRICOS. Caracas, segunda etapa, N° 10, pp. 127-146.
DE LA MADRIZ, F. (1869) Cultivo del Café. París, s/e.
ESTABA, R., ALVARADO, I. (1985) Geografía de los Paisajes Urbanos e Industriales de Venezuela. Caracas, Ariel-Seix Barral Venezolana.
GALBRAITH, J. (1976) El crac del 29. Barcelona, Ariel.
GUEVARA, C., DE GUEVARA, C., (1983) Geografía de la Región Centro-Occidental. Caracas, Ariel-Seix Barral Venezolana.
LANDAETA, M. (1963) Gran Recopilación Geográfica, Estadística e Histórica de Venezuela. Caracas, BCV, Vols. I y II.
LEWINSOHN, R. (1948) Trusts y Carteles. Buenos Aires, Claridad.
MARRUFO, D. (1994) La Casa Senior y su Participación en el Comercio Nacional e Internacional de Venezuela 1850-1930, tesis de magister scientarum en historia, Caracas, Universidad Santa María.
MAZA ZAVALA, D. (1985) Venezuela una Economía Dependiente. Caracas, Fondo editorial del IUTAJS.
PAREDES, N. (1993) Vialidad y Comercio en el Occidente Venezolano. Caracas, Tropykos.
PITTIER, H. (1971) Manual de las Plantas Usuales de Venezuela y su Suplemento. Caracas, Fundación Eugenio Mendoza.
RANGEL, D. (1968) El proceso del Capitalismo Contemporáneo en Venezuela. Caracas, UCV.
----------------- (1974) Capital y Desarrollo (La Venezuela Agraria). Caracas, FACES-UCV, Vol. I.
Revista del Instituto Nacional del Café, Caracas, año 1, N° 3, marzo 1940.
Revista del Instituto Nacional del Café, Caracas, año 2, N° 8, junio 1941.
SCHNEE, L. (1984) Plantas Comunes de Venezuela. Caracas, UCV.
VELOZ, N. (1919) Venezuela. Caracas, Ministerio de Fomento.
VELOZ, R. (1945) Economía y Finanzas desde 1830 hasta 1944. Caracas, s/e.
VILA, M. (1961) Aspectos Geográficos del Estado Falcón. Caracas, CVF.
------------ (1966) Aspectos Geográficos del Estado Lara. Caracas, CVF.
------------ (1981) Plantas de Cultivo y de Recolección en la Geohistoria Venezolana. Caracas, UCV.


Publicaciones en medios electrónicos

«Agrounión» en
Agrounion.com/spanish/café.htm [13-08-2000].

«Historia de café colombiano. Procesamiento» en
http://www.juanvaldez.com/espanol/menu/history/processing.html [13-08-2000]

«Historia de café colombiano. Control de calidad» en
http://www.juanvaldez.com/espanol/menu/history/quality.html [13-08-2000]

«Historia de café colombiano. Orígenes» en
http://www.juanvaldez.com/espanol/menu/history/origins.html [13-08-2000]

«Historia de café colombiano. Árboles de café» en
http://www.juanvaldez.com/espanol/menu/history/trees.html [13-08-2000]